Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio.
Esta es una frase que los argentinos escuchamos repetidamente, hasta el cansancio más extremo, hasta el mismísimo hartazgo. Pero no por eso hacemos algo al respecto. Es más, podría decirse que en muchos casos, en muchos temas, dejamos varias asignaturas pendientes…del peor modo.
Un tema recurrente es el de la seguridad vial en nuestro país. Anualmente asombran (¿hasta cuando?) las cifras de víctimas en accidentes de tránsito, sea por la fatalidad o (generalmente) por imprudencia.

Los argentinos no podemos decir que nos falte información. De ninguna manera. Esa ya no es excusa.
Por donde sea que miremos hay campañas de bien público e instituciones que nos piden a gritos algo de conciencia y respeto por los demás, pero a nosotros eso parece no importarnos. No es raro escuchar a alguien que dice que no se coloca cinturones de seguridad porque le molestan, que no usa casco en la moto porque al final se termina despeinando o simplemente alguien que no toma recaudos mínimos porque “a mí nunca me va a pasar…” Hasta que pasa… y la seguridad pasa definitivamente a segundo o tercer lugar, total…los autos son cada vez más seguros… ¿lo son?
Y tanto pasa que ya esa imprudencia y esa máquina de fabricar fatalidades y dramas en las calles y en las rutas ha trascendido fronteras de la peor manera. Hay un refrán que dice “hazte fama y héchate a dormir…” y no se trata (por lo menos en este caso del que hablamos) de dormirse precisamente sobre los laureles. Aquí no hay laureles de gloria ni mucho menos.
Urgando por ahí, leyendo, entrando a diferentes sitios de internet de distintas partes del mundo, uno puede caer tristemente en la realidad que tan cerca tenemos y (tal vez por falta de perspectiva…) no podemos (¿o no sabemos?) ver.
Los habitantes de otras partes del planeta nos ven como indomables, casi como un flagelo, un peligro al mando de un vehículo. Y…tan equivocados no están.
Lo que dicen es tan triste como irrefutable.
Turistas que dejan sus opiniones en medios gráficos, en blogs, etc. suelen decir en Francia por ejemplo que en Argentina es más probable que alguien muera bajo las ruedas de un auto antes que asesinado. Fuerte. Contundente. Pero tristemente real.
En Estados Unidos se ve a los conductores argentinos como aquellos que menos respetan las normas de tránsito… con las lamentables consecuencias que eso conlleva.
En diferentes sitios web de lugares como Australia, Inglaterra o Canadá se habla de los argentinos al volante como personas de las que hay que cuidarse particularmente. Hablan del elevado riesgo de caminar por las veredas de Buenos Aires y en consecuencia le advierten a los turistas que llegan a estas tierras sobre los riesgos de ser peatón en nuestro país. Más duro todavía…
Finalmente, también en Estados Unidos, se habla de los conductores argentinos haciendo referencia a su gusto por las velocidades excesivas y de paso se deja un consejo: no esperar de ninguna manera que colectivos y taxis con pasajeros (siempre muy apurados…) se detengan mientras uno cruza la calle.
A veces, uno no puede ver sus propios problemas. A veces no somos capaces de resolver las propias limitaciones y (aunque sea odioso…) hace falta que alguien de afuera, alguien que es de palo (como decimos nosotros) nos abra los ojos. Aunque duela (tanto como los accidentes que solemos ver a diario tan cerca nuestro).
Para pensar.










































7 Septiembre 2008 - Autor: Marcelo García
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